lunes, 25 de octubre de 2010

Artista.


El artista sonrió alegrándola tanto que pronto comenzó a reavivarse. Llevaba demasiado tiempo sin que le pintaran una sola sonrisa. Sus músculos se habían agarrotado, convirtiéndose en una mueca triste. Sus facciones se habían convertido en mera decoración. Sus ojos ya no tenían el brillo de antaño, habían perdido vida. Intentó recordar que era aquello que tan feliz hacía a los demás y tan feliz la hacía a ella. Pensó hasta sentir que los recuerdos regresaban . Reír, era reír. Así, su gesto se torció de tal manera que sus músculos doloridos volvieron a la acción. Sus mejillas se elevaron y sus labios se curvaron. Mientras sus dientes asomaban, la emoción la embriagaba. Sonreía de pura felicidad. Renovada, su sonrisa mostraba más de lo que nunca mostró, había crecido con ella. Pronto toda la fuerza acumulada de su sonrisa silenciada asomó por sus labios. Las carcajadas inundaron el lugar, una risa verdadera, sin trampas. Aquella locura era culpa del artista que la contagió. Sí, sí, Artista, quién si no podía dibujar una sonrisa tan bella.