Puede que un día todo se pare.
Que la Tierra decida no moverse más.
Que el Sol deje de calentar o que lo haga con mucha intensidad.
Que un tornado arrase con árboles, casas, coches, personas.
Con la vida.
Con la de cada uno de nosotros.
Que nos colemos por ese embudo mortífero y no respiremos más.
Acabando así con ilusiones, miedos, propósitos, promesas.
Con nuestra existencia.
Rompiendo el reloj, el tiempo.
Obligándonos a terminar todo aquello que un día empezamos.
Sin darnos la oportunidad de empezar lo que siempre deseamos.
Un ¡chás! y el corazón se pararía.
Ese día nos arrepentiremos de no haber hecho tantísimas cosas, a las que no damos importancia ahora, o no tenemos valor para hacerlo.
Y ya no habrá una segunda oportunidad.
Ya no podremos volver atrás.