jueves, 23 de octubre de 2014

Vuelvo. Tarde, pero vuelvo.

Por qué lo mejor da miedo. La Osa Mayor representada con lunares en tu costado. Me curo con los besos que no te doy.
Ojalá vivir en una canción.
El carmín del borde e la taza de té.
Más taquicardias y menos indiferencia.
La guitarra que suena mientras me ducho.
-deberíais ir a más recitales de poesía-
"Eres la musa que Toulouse-Lautrec hubiera deseado pintar".
Si no llevas el corazón encima, no te lo quitan.
Lo que se tiene que correr no es el rimmel.
¿Cuánto cuesta alquilar unas costillas y llamarlas "hogar"?
Neuras de niña tonta.
Morderse el labio escuchando a Extremoduro.
Advierto al conocer a alguien que no debe enamorarse de mí.
Madrid, bonita, te declaro la guerra -en la cama-.


lunes, 30 de junio de 2014

“I want to stay hopeful, even though I get scared about why we’re even alive at all.”

"Las cosas siempre empiezan por el final. Me encantan las películas que se abren con una voz en off. En la imagen no hay casi nada: una piscina en la que flota un cuerpo, la copa de las palmeras agitadas por un temblor, una mujer desnuda bajo una sábana azul, destellos de cristal en la penumbra. Y alguien que habla. Consigo mismo. Para no sentirse solo. Un hombre que huye, un detective privado, un médico —o un psicoanalista, ¿por qué no?— que cuenta su vida desde el otro mundo. Hablando de lo que le ha llevado a la muerte, evoca aquello por lo que ha vivido. Su voz parece decir: «Escúchame porque yo soy tú». Es la voz la que crea la historia, no lo que se nos cuenta. 
Voy a intentar explicar esta historia. Nuestra historia. Mi historia. Sería de lo más triste aunque pudiéramos suprimir el final.
 Una mujer, ya un poco muerta, arrastra de la manita a una niña triste. La lleva a ver al "médico de la cabeza", a ese médico de las palabras. Él la toma y la deja. Con amor y dedicación, la escucha, durante dos años y medio. No oye nada y la pierde. Sería una historia triste y siniestra a la que nadie le arrancaría la melancolía: ni siquiera esa sonrisa con la que Marilyn parece disculparse por ser tan guapa."

jueves, 22 de mayo de 2014

(No) Somos nadie.

Comicios, comicios, comicios. Si lo pronuncias lo suficiente en medio de cualquier plaza, acabas rodeado de ratas voladoras, frutos secos y globos de helio. En este caso son europeos, que es ese limbo político al que van a acabar de pudrirse las carreras que ya empezaban a oler por aquí. Patada hacia arriba con patada en la boca y voladora. 
Se acercan comicios. Lo notarás porque parece que, de repente, se nos hace caso. Parece. Lo notarás porque de repente todo aquello que parecía imposible ya no lo es. Parece. Y lo notarás enseguida porque ya se empieza a escuchar por todos los medios de comunicación justamente lo que querías escuchar, lo que necesitabas oír. Qué casualidad, oye. Y si encima tienes la suficiente ingenuidad, fe, juventud, o una peligrosa combinación de las tres, de pronto te encuentras diciéndote a ti mismo las palabras mágicas: por fin.
Nada más lejos de la realidad. La realidad es que eres un engorroso trámite por el que han de pasar algunos -ni siquiera todos- para renovar sus apolilladas poltronas. La realidad es que eres un peaje incómodo, un bajón en el camino, un burdo miembro del populacho representado en un mísero voto al que hay que volver a embadurnar, embaucar y atontar para poder seguir viviendo de tus impuestos e ignorándote durante cuatro años más. Y si no vas a votar, oye, pues mejor, que ya votarán los que me interesa que voten.
Eh, pero no me pongas esa cara. Que es la fiesta de la democracia. Diviértete, venga y pensemos en positivo: por unas semanas, de pronto, ya no somos nadie.
No somos nadie. Ah, que ya no. Ah, que de pronto interesamos. Qué maravilla. Dejad que las señorías se acerquen a mí. Que me digan lo importante que soy para ellos. Que me doren la píldora del día después. Que me hagan la cama, el desayuno y el café para todos. El salto del tigre. El día de la marmota. Botswana mon amour.
No somos nadie. Ya no. Y cada vez menos. Ya verás. ¿Apostamos? Lo que está ocurriendo es algo muy parecido a un divorcio histórico y traumático entre poder, influencia y notoriedad.
La notoriedad es impacto, repercusión, la bala de fogueo de la comunicación. Cuando estalla todo el mundo se gira, sí, pero acto seguido todos siguen con su vida, y aquí no ha pasado nada y a otra cosa, Ana Rosa. 
Noticias que duran lo que tardas en olvidar un tweet. Y pensar que aún hay gente que se vanagloria por tener más seguidores que otros, por ser más conocido en las redes sociales, por tener más amigos dándose de posts contra un muro o por ser reconocido por la calle de su pueblo o circunscripción.
Y por último, los que ganan en influencia, que ya no son políticos, ni siquiera individuos, sino comportamientos. Comportamientos que, por primera vez en la historia, es muy difícil asignarles un líder, un único representante. Y es que la única política en la que la gente sigue creyendo es la política de los hechos. De ahí que los políticos estén tan preocupados por la crítica cargada de influencia. Porque los hechos los dejan a todos en pelotas.
Si de pronto, alguien con más credibilidad que ellos -ya, ya sé que eso es muy difícil- les envía un mensaje que no les gusta, lo tildan enseguida de demagogo o populista. Normal. La política hay que dejársela a los políticos, que son los profesionales, los preparados, los expertos en el tema. Los demás no debemos opinar, no tenemos ni de lejos la formación, competencia y experiencia contrastada que ellos han demostrado imputación a imputación.
Y en mi opinión, ahí es justo donde deberíamos estar todos. Y cuando digo todos, es todos. Opinando, sí, con la información que cada uno tenga. Con la opinión que cada uno sea capaz de construirse. O de tomar prestada, da igual. Eso es lo que realmente temen. El intrusismo en su mamoneo profesional. Y es que el asunto se nos jodió en cuanto dejamos la política en manos de los políticos. Ahí es donde todo empezó a irnos mal.
Se acercan comicios y no somos nadie.
Pero que no pánica el cundo.
Después de las elecciones lo volveremos a ser.

viernes, 25 de abril de 2014

Vuelvo.

Buenos días, pequeños monstruitos.

Espero que no os alegréis mucho al verme por aquí de nuevo porque si es al revés... Es que algo no estoy haciendo bien.
Es muy raro que escriba una entrada de este tipo, lo sé. Pero bueno, para todo hay una primera vez, ¿no?
Sólo me pasaba por aquí para disculparme por mi tardanza en actualizar esta... Especie de cueva. Pero bueno, he vuelto y por motivos de un trabajo para una asignatura exactamente.
Así que a partir de ahora actualizaré el Blog una o dos veces por semana y espero no ser redundante.

Hasta muy pronto.