Noches en las que daría lo que fuera por encontrarte y no dejarte ir nunca más. En las que convertiría tus ebrias miradas en terremotos. En las que nos daremos todo lo que nos debemos y prometemos. No sé cual es el límite de tus ojos verdes, el mío lo desconozco. Sabes que me saca de quicio el no saber que piensas y que te quedes callado mirándome o simplemente en tu mundo. Sabes también que te encanto, pero desconoces que no me importaría perderme contigo. Sé que tu tono de voz cambia cuando te doy celos, y solo en ese momento se lo que se te pasa por la cabeza. Pero que se le va a hacer, no todos somos tan maravillosos como tú. Tienes mala suerte, yo diría que muy mala; soy una auténtica canalla sentimental, no te prometeré nada hasta que no este segura al cien por cien de cumplirlo. También puedes mirarlo por el lado positivo; no te llevarás ninguna decepción. Esta vez simplemente voy lento, hay bastante que perder y muchos en los que arriesgarse. Sabes que tu forma de actuar me hace pensar que no eres difícil, pero creo yo ya he encontrado la gran dificultad. No quiero esperar y rendirme, si lo empiezo pretenderé acabarlo. Aquí esta lo complicado…puede que mañana me rinda y me olvide de ti, pon los pies en la tierra. Esto es lo que hay, creo que ya va siendo hora de aterrizar.
Todos dicen que soy muy neumática, y un ángel viviendo en el jardín del mal.
jueves, 17 de noviembre de 2011
21, 21 gramos.
-¿Te puede doler el alma? A uno le duele el corazón, las muelas, la cabeza, el pecho.., pero y el alma, ¿Se duele, siente y padece? ¿Veintiún gramos de nuestro voluminoso cuerpo podían llegar a doler tanto que hasta se nos olvidara como sonreír? ¿Podía doler de veras?- Se preguntaba Immer mientras asomada a la ventana, jugaba con el pelo entre sus dedos. Tenía los ojos empapados de lágrimas y una sonrisa tímida en los labios
- ¿Importa tanto el alma? Bueno, realmente ¿existe? - Y así se dejó caer sobre la cama lenta, casi inerte y mientras se arropaba entre las sabanas, se enjugó las lagrimas. Cerró sus ojitos mustios de tanto llorar y abrazó a su cuerpo malherido. Ella sola respondió todas aquellas dudas, veintiún gramos pesaban más que cualquier vano resquemor
-Te quiero- susurró a la oscuridad, y le dolió como nunca.
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