martes, 13 de agosto de 2013

Asalto.

No es nada más que la peligrosa y lúgubre fusión de las nulas intenciones de admitir, las crecientes ganas de reprochar y de culpar - y de hacer sentir culpable -, un febril estado de nerviosismo y unas gotas de violencia. Et voilà!

Ahora que lo aguanten los demás. Y la justificación perfecta es estar en desacuerdo con determinadas palabras que han sido mencionadas. No interesa el por qué de los sentimientos que duelen tras ellas, sino el por qué de su "estúpida" pronunciación. Y así es como se desata una de las infinitas guerras de una interminable batalla.
Palabras que ametrallan con gran impacto.